Monday, September 04, 2006

LAS MENTIRAS Y LA COMPLICIDAD

Hacía pocos meses que salían, y viendo la relación desde fuera, Alejandro adoraba a Lola, realmente la amaba y era la chica que él siempre había querido. Lola lo sabía, pero una parte de ella se negaba a creerlo, la parte que siempre ganaba cuando él salía con sus amigos, cuando organizaba actividades que no la incluían.
Pero él la amaba, ninguno de los dos era lo suficientemente maduro, necesitaban tiempo y Lola era incapaz de esperar, perseguida por el miedo a perderlo abusaba del amor que él le tenía.
Como empezara diciendo, hacía pocos meses que salían, y una noche, exactamente la de la víspera del cumpleaños de Alejandro, Lola tenía una sorpresa.
Lola lo amaba, no quería perderlo, y sentía que gran parte de su inseguridad provenía de su constante estado de nerviosismo por el miedo a ser descubierta ¿que escondía Lola? Lola escondía una vida. ¿cómo? Sí, una vida verdadera, desde que comenzó su relación con Alejandro sus historias sobre su pasado y sobre su presente eran dignas de un cuento fantástico; eran complejas, siempre cargadas de altas dosis de peligro, actos heróicos, hombres deseperados por estar con ella dispuestos a cualquier cosa por tenerla, exageración (sino simplemente un invento) de episodios cotidianos que no tenían relevancia sin los aditivos que agregaba Lola. Como comprendió que no podía pensar en un futuro con la persona que amaba si continuaba con su mundo imaginario, decidió, justamente cuando iban a cenar para empezar el día del cumpleaños de Ale juntos, sincerarse. Por un lado no vamos a quitarle el mérito a Lola de haber querido asumir la responsabilidad de sus actos, quizás por primera vez, pero, aunque con mucho miedo, sabía que era muy difícil perderlo, ella sabía que él estaba enamorado, que no podía vivir sin ella.
Estaban en el auto, Lola comenzó a llorar desconsoladamente.
-¿Qué te pasa mi amor, que tenés?-comenzó por preguntarle Ale.
-Tengo que decirte algo terrible- respondió ella.
-Decime-
-No, no me animo, es terrible, me vas a odiar, no me vas a perdonar nunca-
-¿Me engañaste!?- preguntó indignado su novio
-No!, jamás te engañaría, te amo, te amo ...- casi incomprensiblemente hablaba Lola a raíz del llanto que se hacía cada vez más intenso e imposible de contener.
-Entonces decime, no puede ser tan grave, no llores Be, contame, no llores- intentaba tranquilizarla Alejandro (Be es como cariñosamente se decían entre ellos; comenzó ella con el sobrenombre, porque su hermana Florencia una vez tuvo un novio con el cual se decían Be, de Bebé, y ella siempre quiso tener un novio y apodarlo así).
-Hice algo que no me vas a perdonar jamás, si te lo cuento me vas a dejar y me voy a morir, no puedo, no puedo ...-entre sollozos.
-Me estás asustando, no te voy a dejar, contame-
-Todo lo que te dije hasta ahora es mentira- finalmente soltó Lola
-¿Cómo? ¿A que te referís?-
-Todo Ale, todo lo que te conté, de mi ex novio que me persigue y me hace subir a su auto a la fuerza, que me ruega que vuelva con él, que me vigila, que salgo y tengo un montón de amigas, que ... todo Ale, todo lo que te hablé de mi vida es mentira ... perdoname-Lola seguía llorando y ahora experimentaba una gran sensación de miedo, de miedo por perderlo.

Friday, September 01, 2006

EL DINERO

Cuando Lola conoció a Alejandro, la primera noche, él la acercó a su casa con un auto 'de pobre', bueno, de pobre pobre no, pero nada que la deslumbrara. Si bien luego del cine fueron a un lindo restaurante, tampoco era a los que nuestra protagonista le gustaba ir. En la segunda cita, luego de cenar, fueron a la casa de él: vivía en un barrio de clase media, en una casa de clase media, otra vez, nada de lo que atraía generalmente a nuestra protagonista. Pero, como ya advirtiese antes, Lola se enamoró sin mirar de qué, sino de quien. Él era su ídolo.
No obstante todo esto, siempre supuso un problema para Lola que él fuera feo, no porque no le atrayese, sino porque pensaba que eso la descalificaba a ella. Como los amigos de su novio y sus respectivas novias eran 'perfectos', ella sentía que al estar con él era la fea del grupo, la que estaba con el que nadie hubiera querido, creía que las otras dos chicas eran amigas y ella nunca lo sería por estar con el patito feo. Esto fue un problema, una sensación que Lola nunca pudo desmenuzarla para entenderla y erradicarla, y fue un problema porque nunca se lo dijo a su novio, pero en muchísimas ocasiones era el motor que impulsaba sus ataques y peleas.
Poco a poco, Lola descubrió que Alejandro tenía dinero. Cambio el auto por una camioneta 'fashion', hacían escapadas de fin de semana a lujosos hoteles, él le hacía caros regalos y nunca le decía que no a nada. Si bien esto hubiese supuesto una alegría para Lola, a diferencia de todo pronóstico, creo un coctail explosivo: no sólo Alejandro era su ídolo (y por lo tanto deseable para cualquier mujer), sino que tenía dinero, que compensaba su falta de belleza, pensaba Lola, "todas me lo van a querer sacar, me va a engañar con cualquiera ...".
A esto se sumaba que, justamente lo que Lola admiraba de Alejandro era lo que no soportaba: su amplia e inagotable vida social: salir con los amigos, ir al gimnasio, el cumpleaños solamente de hombres, el viaje de dos días solamente con sus dos inseparables amigos, y mil cosas más, que correspondían a una vida social normal, pero que Lola no tenía, para ella su mundo era Ale, y que él tuviese otras actividades que no la incluyesen, le dolía, la hacía sentir muy sola.
Era lógico. Lola nunca tuvo una vida social, nunca tuvo amigos, con lo cual era lógico que su mundo fuese Alejandro, sumado a que ya sabemos el objetivo de ella en la vida: casarse y tener hijos.
Lola sufría, tenía la constante sensación de perderlo, de que iba a ser abandonada, de estar sola. claro que él siempre trataba de contenerla, de explicarle que la amaba, de que no la engañaba, de que no había necesidad de competir con sus amigos, que no la reemplazaban.